Delante de esa Puerta Cerrada

Delante de esa puerta cerrada
llevo tanto sin parar.
Por esa ventanita hoy tan sombría,
que en otro tiempo no parabas de tricotar
enero tras enero, eterno invierno,
en esa puerta no he vuelto a jugar

Caerán mis lagrimas como cae la noche,
serena y silenciosa el patio cubrirá.
Silencios y recuerdos crujirán las vigas.
Enero tras enero…
¿cuánto resistirán?…

Pero no estoy aquí para llorar,
vosotros sois mi pueblo, y esos olivos mi hogar.
Por eso sé que no basta llorar;
si se nos cae la casa…
¡te la volvemos a levantar.!

Saludo a todos los que aquí vivisteis,
y jugamos con alegrías en el umbral.
Hoy jovenes padres que la casa hicisteis,
¿cuántos tartalillas habéis visto pasar?…
De la mecedora de nuestra memoria,
si nuestro limonero se seca…
lo tendremos que abonar.

Vuestro recuerdo es una Fuerte hiedra,
sólo unidos a estos muros nos debemos mantener.
Si cae, será un viaje sin regreso;
ninguna primavera nos podrá hacer volver.

Pero no estoy aquí para llorar,
vosotros sois mi sangre, y esos olivos mi hogar.
Por eso sé que no basta llorar;
si se nos cae la casa…
!te la volvemos a levantar!.

De nada sirvieron mil gallinas
criadas con mil mimos en tu corral;
ni los petalos de jazmin caidos junto al rosal
ni aquellos polos de leche vendidos junto al ventanal
a esos infantes ya crecidos, que jugaban en tu portal
y sin entrar en casa no te paraban de admirar.

Tu ausencia teje un negro ajuar de viuda
con sucias telarañas de pared a pared.
¡Abrid cada verano esas ventanas;
lo que se tejió en el año…
lasharemos destejer!.

Y es que no estoy aquí para llorar
vosotros sois mi sangre y esos olivos mi hogar.
Por eso sé que no basta llorar;
si se nos cae la casa…
¡te la volvemos a levantar!.

Tu casa no es sólo un montón de piedras,
la torre en tu ventana su campana hace llorar;
tu recuerdo más que un techo, es un puente de sangre
entre los que vivieron y los que vivirán;
barcaza que en el río de los siglos,
con sus remeros unidos lejos navegará.

Fuegos de otoño dorarán los olivares
y una chispa sagrada prenderá el viejo hogar.
Con olores a picón y mesas camillas
en los que tus recuerdos a mi mente traeran

Y es que no estoy aquí para llorar
vosotros sois mi gente y esos olivos mi hogar.
Por eso sé que no basta llorar;
si se nos cae la casa…
¡te la volvemos a levantar!.

¡Que no, que no, que no hemos de llorar!,
juntos somos una familia y este es nuestro lugar.
¡Que nunca más nos baste con llorar!.
Si se nos cae la casa…
Nuestros hijos la levantarán100_2109

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